domingo, 16 de noviembre de 2008
103.430*
Un ejemplo de la irracionalidad racionalizada.
Espacio TBK. Barrio de La Paternal. Me sumerjo en un espacio teatral intimista. Adecuado –caeré en la cuenta después- a la puesta que veré. Un judío polaco. Así, sin medias tintas, directo. Sin cortapisas. Sin “políticas de corrección”. Es la historia de un hombre. De una persona. La dolorosa historia de Berek Frydman. Contada por él. Contada por la obra. Contada por el público en reacciones espasmódicas, de risas incómodas, de una cotidianeidad molesta. La cotidianeidad de la discriminación, del racismo, del antisemitismo. Total... “El mundo sigue. ¿No?”
No. El mundo no sigue. Se detuvo para siempre para aquellos que han sufrido la irracionalidad, el horror que ninguna obra de arte puede mostrar en su profundidad; tal vez ayudar a la memoria y a concientizar. Pero jamás mostrar en su absoluto.
Espacio íntimo con no más de 25 personas –incluyendo a los actores y equipo asistente-. Vamos a ver situaciones cotidianas. En un permanente intertexto, sobre sí y en interpelación permanente al público. La reflexión del hecho teatral en sí. “¿Esto es un teatro? Se pregunta un personaje que será el nexo permanente entre el público y la obra. Ese personaje que comienza riéndose mientras cuenta chistes racistas y antisemitas. Y se sienta allí, en la platea. Con nosotros/as. ¡Pues claro, si es uno más! Es uno más de nosotros, aunque no lo queramos admitir. Nosotros/as somos parte de esa sociedad. De esta especie que generó –y sigue generando- odios irracionales, matanzas, guerras, por doquier y sin cesar.
Una televisión que reproduce una grabación del verdadero Frydman contando por momentos su historia que a su vez es representada en el espacio. Desafío del que la obra –y los actores- salen airosos. La historia de ese muchacho de trece años cuando los nazis invaden Polonia. El raíd de horror que presenció. El ghetto, Lodz, Auschwitz, Matthausen, Gusen II, la muerte de su padre arrojándose al vacío. Todo relatado por Berek y por el personaje en un tono neutro, pausado. Delirantemente cotidiano. Como los brutales chistes racistas que “mechan” la puesta. El no menos delirante programa televisivo “Hombres de la Historia”, parodiado descarnadamente en una entrevista al hijo Claudio. Poseedor de los retazos de historia contados por su padre Berek. Testigo de sus pesadillas, de sus pesares, de sus dolores, de una parte del horror vivido. Exposición de la mezcla de show y realidad. Obscenidad descarada ante la pantalla negra que muestra el paso del tiempo. El correr de un reloj mientras el recuerdo de Berek no inunda el lugar. ¡Todo sigue igual! Las burlas de la época nazi enmascaradas en esos chistes salvajes. Rupturas en el tiempo con un mismo eje. Horror-violencia-Recuerdo. No es hoy, no es ayer. Es siempre. Es ahora. En ese hombre ignorante y bestial que se ríe sobre las cámaras de gas, sobre el dolor y sufrimiento de millones. Dolor de ayer, dolor de hoy. Dolor de mirar y no ver. “Ver, abarca la totalidad del objeto” recuerda didácticamente, uno de los personajes. Dramaturgia acertada la de Alejandro Mateo sustentada por tres actores sólidos. Sin fisuras. Dolorosamente cotidianos, en clave de barrio porteño. De Buenos Aires de televisión 2008.
La cotidianeidad del mal parafraseando a Hannah Arendt. La sinrazón de la razón. Y el dolor que no cesa. En la planta escénica, en las gradas, en ese televisor, en esas notas musicales de un Claudio heredero del dolor, en ese espectador que se movía incómodo a mi lado durante la puesta y en el recuerdo de Berek Frydman. Hombre. Víctima. Y sin dudas, no es el protagonista de tantos programas de televisión estupidizantes y falsarios del pasado, pretensos de serios y comprometidos. Por el contrario: fue un verdadero “Hombre de la Historia”.
Juan Lucas Tossard, para LRN
* 103.430 Es el número que recuerda Berek de su paso por el Campo de Concentración de Matthausen.
Con NICOLÁS MATEO, HÉCTOR SEGURA y WALTER ROSENZWITAsesoramiento historico literario : Claudio FrydmanDiseño lumínico : Cristina LahetEscenografía y vestuario: Alejandro MateoFotografía: Paloma AballoneAsistencia de dirección: Cinthia ChomskiAsistencia técnica: Pamela Vargas MillaPrensa: Caro AlfonsoDRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: ALEJANDRO MATEOSábados - 21.00 ESPACIO TBK Trelles 2033 - 1ro - 4586.2971 - Paternal(Entre Camarones y San Blas)Imprescindible hacer reservas por las características de la sala.La función comienza a horario
viernes, 14 de noviembre de 2008
El holocausto como interrogante eterno
Patricia Espinosa - Ambito Financiero
«Un judío polaco». Dramaturgia y Dir.: A.Mateo. Int.: N. Mateo, H. Segura y W. Rosenzwit.Asesor literario: C. Frydman. Dis. Luces: C. Lahet. Esc. y Vest.: A. Mateo. (Espacio TBK).
El hombre que aparece en pantalla murió en Buenos Aires en el año 1997. Antes, dejó grabada en video una especie de entrevista casera que llegó a manos del director y escenógrafo Alejandro Mateo casi por casualidad, y en la que expone con sencillez sus primeros años de vida en los ghettos polacos de Pabianice y Lodz y su paso por los campos de Auschwitz, Mathausen y Gusen II, circuito que debió iniciar a los 14 años de edad.
El testimonio de este sobreviviente del Holocausto genera en el espectador una inesperada familiaridad que irá creciendo a lo largo de la obra una vez que el material empiece a interactuar con las distintas situacionesdramáticas. Pese a la diferencia de edad, Walter Rosenzwit resulta muy convincente como Bereck Frydman y le aporta al personaje un misterio y una complejidad muy apropiados. Nicolás Mateo es el hijo adolescente que debe lidiar con la figura de un padre esquivo al que recién podrá empezar a entender después de su muerte.
Entre ellos, se luce Héctor Segura quien con su habitual histrionismo logra mantener viva la tensión entre hechos verdaderos y ficción teatral: desde el personaje pirandelliano que irrumpe en escena preguntando «¿Esto es un teatro?», y que a continuación intenta divertir al público, primero con chistes «de salón» («¿Saben como se disuelven las manifestaciones en Israel? Mandan a dos o tres personas con una alcancía»), luego con burlas cada vez más degradantes y perversas, hasta el impertinente conductor de un talk show «sobre horrores de
Mateo creó una puesta de rica teatralidad en la que el tema del Holocausto ante todo da pie a un sinnúmero de preguntas sobre la condición humana y su incomprensible facilidad para hacer de esta vida un infierno. El relato de familia, el conflicto generacional entre padre e hijo permite que la gran Historia se humanice. Pero lo más importante, parece señalar el director, es ver qué hemos aprendido de lo sucedido y cómo convivimos con eso. Y de paso también preguntarnos por qué perdura el racismo y cómo puede el teatro tratar todos estos temas con un lenguaje vivo y provocador sin recurrir al documentalismo ni a la ficción sentimental.
«Un judío polaco» aborda todas estas cuestiones con un buen equilibrio entre dolor y reflexión y sin privarse del humor.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
domingo, 2 de noviembre de 2008





www.elmundo.es/magazine
Por Corina Román. Fotografías de Henryk Ross
En 1997, el hijo de un fotógrafo judío llamado Henryk Ross puso a disposición del londinense Archive of Modern Conflict (Archivo de los Conflictos Modernos) una colección de más de 3.000 negativos que su padre había realizado en el gueto de la ciudad polaca de Lodz. Aunque una parte de esas imágenes ya había sido desvelada, otra había permanecido oculta por expreso deseo de su autor. Las instantáneas inéditas eran aquellas que captaban a parejas besándose, a niños jugando en las calles, las que reflejaban banquetes de boda con alegres comensales... A simple vista, parecían escenas costumbristas de antes de la guerra. Nada más lejos de la realidad. Esas fotos también fueron tomadas en el segundo gueto judío más importante de Europa durante la Segunda Guerra Mundial, el de Lodz. Junto a esas instantáneas de vida normal, estaban las que Ross había enseñado mientras vivió, las que dan sentido al sobrenombre de “antesalas del infierno” que recibieron estos lugares en la época nazi y en los que murieron unos 500.000 judíos: niños desfallecidos por la inanición en las aceras, cadáveres decapitados, el trágico paseo hacia los trenes con parada en Auschwitz, Chelmno o Dachau...
Ese espejismo de felicidad, protagonizado en su mayoría por la que parece una clase privilegiada dentro del gueto, es lo que han sacado a la luz los editores Martin Parr y Timothy Prus en el algo más de centenar de estampas firmadas por Ross y que conforman Lodz Gueto Album (El álbum de fotos de Lodz), con textos del historiador Thomas Weber. Una obra que se convierte en un revulsivo histórico, porque, por primera vez y frente a la memoria colectiva más conocida de los guetos, donde el sufrimiento, la tristeza y la desesperación eran parte intrínseca del día a día, aparecen personas para las que la alegría es una emoción que no han olvidado. Pero no hay que llamarse a engaño, la mayor parte de los protagonistas de una y otra perspectiva murieron. Unos a sabiendas de lo que les aguardaba y otros, convencidos de que, gracias a su colaboración, se salvaban de una muerte atroz.
El gueto de Lodz fue, con el de Varsovia, uno de los más conocidos. Creados en 1939, al producirse la ocupación de Polonia por la Alemania nazi, el de Lodz se convirtió, un año después, en el primero cercado por vallas y alambre de espino. En sus escasos cuatro kilómetros cuadrados, se hacinaron unas 164.000 personas.
Cuando los alemanes organizaban estos barrios instauraban un gobierno indirecto que se nutría de sus habitantes y, a la cabeza del Ejecutivo títere de Lodz, pusieron a Chaim Rumkowski. Para ellos, estos almacenes de judíos que esperaban la llamada “solución final”, eran también una fuente de mano de obra barata. En el de Lodz se ha calculado que se produjeron unos beneficios de cerca de 350 millones de marcos de la época.
Rumkowski colaboró activamente en ello y creó una Administración formada por unos 8.000 judíos, encargados de organizar las empresas, integrar el cuerpo de vigilantes y el de bomberos... También había dos fotógrafos –uno de ellos fue Ross–, que trabajaban para el Departamento de Estadística de la administración judía.
A cambio de sus servicios, el rey Chaim I o el dictador –como se le llamaba–, les procuraba una existencia algo más digna que la del resto: comida en mayores cantidades, mejores viviendas y ropa y la promesa de que estaban a salvo. Así surgieron los protagonistas de ese mundo casi de fantasía que convivía con el de la desesperación. Gente que continuaba bromeando y educando a sus hijos desde el convencimiento de que atravesaban una etapa transitoria.
Por su actitud, Rumkowski ha sido representado y recordado como una figura del genocidio oscura y siniestra. Hasta tal punto que la leyenda cuenta que falleció al ser arrojado al horno crematorio de Auschwitz por antiguos residentes del gueto.
Su disposición al pergeñar las listas de deportados a los campos de exterminio ennegreció aún más, si cabe, su estela, y él mismo se disculpó diciendo que se veía obligado “a actuar sin titubeos, como un cirujano que corta un miembro para que el corazón no deje de seguir latiendo”. Un cirujano que, cuando los nazis le pidieron que entregara a los niños por improductivos, consiguió retrasar el destino de los hijos de sus colaboradores y que, cuando le dieron a elegir entre decidir a quiénes enviaba al campo de exterminio de Chelmno y la aniquilación total de Lodz, optó por poner los nombres de opositores, delincuentes –algunos acusados de robar mondas de patatas– o enfermos y desnutridos que no podían trabajar.
Sin embargo, el historiador Thomas Weber señala que, en los últimos años, se ha revisado su figura, porque hay quienes consideran que su colaboración constituía una estrategia viable de supervivencia. “Al darse cuenta de que, para los alemanes, el único valor de los judíos era el que tenían como mano de obra, Rumkowski llegó a la conclusión de que el mejor medio de supervivencia para tantos judíos como fuera posible consistía en aplicar una estrategia de ‘salvación mediante el trabajo’. Así pues, convirtió el gueto en un floreciente taller, especializado en la producción de ropa y uniformes militares. Durante una temporada, aquello pareció ser eficaz: el gueto de Lodz no sólo sobrevivió más tiempo que cualquier otro en Polonia, sino que registró el índice más alto de supervivientes. Es preciso recalcar que los jefes judíos no tenían forma de conocer lo que les reservaba el futuro. Si el avance de los rusos se hubiera producido a mayor velocidad en 1944, quizá se habría conseguido la liberación de decenas de miles de judíos antes de que hubiera empezado la liquidación. Además, si Hitler hubiera muerto el 20 de julio de 1944, cuando se escapó de un atentado que perpetraron contra él unos militares alemanes, unos 70.000 judíos habrían sobrevivido casi con toda seguridad en Lodz”.
Como Rumkowski, muchos otros miembros de la comunidad eligieron la opción de sobrevivir y, casi sin quererlo, crearon una clase alta dentro del gueto, a la que perteneció Ross, y que confiaban en que a ellos no les pasaría nada.
Antes de que estallara la guerra, Ross era fotógrafo deportivo en un periódico local. Durante la defensa de Polonia, fue uno de los combatientes. Y, a lo largo de los cinco años que duró la invasión de su país, un miembro del gueto que, junto a Mendel Grossman, se convirtió en fotógrafo oficial del Departamento de Estadística de la administración judía y de los servicios de propaganda. Más allá de su labor, ambos decidieron documentar la vida entre esos muros.
Cuando en 1944 los dirigentes nazis decidieron liquidar el último reducto judío que les quedaba, Lodz, Ross se apresuró a enterrar sus 3.000 negativos junto a otros documentos como el dinero que utilizaban, efectos personales, periódicos... En la fase final del conflicto, y una vez que los últimos trenes de la muerte habían partido rumbo a los campos de exterminio con la mayor parte de los 70.000 judíos que todavía quedaban en Lodz, las fuerzas aliadas lograron salvar a entre 5.000 y 7.000, el mayor número de supervivientes registrado en cualquier gueto del Este.
Mientras, Ross permanecía junto a otros 800 hombres y mujeres formando parte de las brigadas de limpieza, un contingente al que las autoridades alemanas también planeaban asesinar. Un soplo les permitió enterarse de estos planes y buscar un escondrijo hasta que, en 1945, los soldados soviéticos les liberaron.
Acabada la guerra, Ross y Stefania, su mujer, se quedaron en Lodz, donde tuvieron dos hijos, y él continuó con su profesión. En la década de los 50, emigraron a Israel, desde donde emprendió la tarea de recuperar sus fotografías, de las que más tarde exhibiría una parte para mostrar las atrocidades del Holocausto. En 1987, cuatro años antes de morir, terminó su catálogo final, donde afirmaba que “quería dejar constancia de nuestro martirio”.
Sólo en 1997, seis años después de su muerte, y una vez que su hijo entregó el material al Archive of Modern Conflict, se descubrieron las instantáneas que nunca había enseñado, pero ¿por qué?
Conflicto ético. Si se tiene en cuenta que muchas de las escenas eran domésticas y que en ellas aparecía su esposa, se puede aventurar que las consideró personales, aunque es improbable. Existe un conflicto ético entre la colaboración y la resistencia a los nazis, y esta parece la causa más probable para guardar parte de su archivo. Muchas de sus imágenes plantean el interrogante de si el fotógrafo pudo estar más cerca de esa clase privilegiada de lo que él estaba dispuesto a reconocer.
Según Weber: “¿Cómo podría Ross haber tenido acceso a sus jardines y a sus casas si no hubiera sido él también parte de sus vidas? Los dignatarios, policías y familiares de unos y otros que aparecen retratados no parecen estar posando para un extraño, ni siquiera para un fotógrafo oficial, sino que, aparentemente, se encuentran absolutamente cómodos ante su presencia, lo cual hace pensar en la posibilidad de que a Ross le hubiera vuelto la espalda parte de la comunidad de los supervivientes, bien porque les constara o bien porque dieran por hecho que se había mezclado con los privilegiados; en otras palabras, que había podido llevar una vida relativamente apacible mientras otros morían a su alrededor”.
No obstante, la lectura no puede quedarse en pertenecer a los buenos o a los malos, o en a qué o a quién se debe uno en situaciones tan extremas. Así resume Weber el conflicto ético: “Las decisiones que Henryk Ross tomó durante el Holocausto, como judío, como marido y como fotógrafo, están marcadas por su necesidad de moverse entre lealtades enfrentadas y por una combinación, casi inevitable, de heroísmo y transigencia, de colaboración y resistencia. Lo cual no hace de él un ser excepcional. Quizá el examen en torno a la difusión selectiva de sus fotografías sea precisamente lo que él quiso evitar a toda costa mientras vivió. Ahora bien, no trató de impedir ese examen indefinidamente; mantuvo y conservó su archivo y, antes de morir, lo preparó y catalogó para que las futuras generaciones pudieran desentrañar su misterio. Puede parecer una decisión menor en comparación con lo que hizo durante la guerra, pero no es menos valiente. Merece el reconocimiento y la atención de aquellos interesados en un conocimiento y en un entendimiento más profundos del Holocausto”.
"...entiendo por que al teatro no hay con que darle!!!!!!
En cuanto al espectaculo , me fascino el formato, la osadia de meterse con un tema tan dificil y la inclusion de los chistes antisemitas, en fin , me encanto !!!!
Risas o terror , siempre es una fiesta !!!..."
Gracias Rudy.
"...Es una obra de primera. Muy acertada la inclusión del video y los fragmentos elegidos. Muy bien la desrrealización de toda la puesta. ...Fue una experiencia de la que no nos vamos a olvidar fácilemnte. ¿Vos sos judío?..."
Gracias Ana por la devolución, y como te conteste en el mail, no, no soy judio.
Griselda Gambaro en "Conversaciones americanas" de Reina Roffé
(Ed. Páginas de Espuma, Madrid, 2001).
martes, 7 de octubre de 2008
"Un JUDIO polaco" en POESIA URBANA
POESÍA URBANA escribió:
Cobertura: (Teatro) "Un Judío Polaco" en Paternal (sábados hasta el 29/11)
Alejandro Mateo presenta su nueva obra “Un judío Polaco”, en el espacio TBK.
Estrategia, cálculo. La estrategia es compleja por su simplicidad, pues demanda conocer al enemigo, estudiarlo, actuar.
Un hombre se esmera por permanecer, allí donde la razón se ha convertido en un inmenso aparato de la muerte. ¿Hasta dónde nos ha llevado el iluminismo? ¿Hasta dónde la razón y la promesa del progreso?
Estrategia, cálculo, acción. Toda la inteligencia humana en pos de continuar siendo humano, en un abrazo inquebrantable con lo que queda, hommo sacer, vida desnuda.
Tres hombres cuentan la historia de Berek, un judío polaco sobreviviente de los campos de concentración alemanes.
La obra devela esa región del ser que siempre se escapa. Estalla en preguntas, en espacios ocultos.
"La inteligencia me dice que este mundo es absurdo”, confiesa Camus, y al ver a Berek
intentando despojarse de su condición de sobreviviente, así no me quedan dudas. Al ver en sus ojos fotogramas múltiples de los más desquiciados horrores, adivino el límite del lenguaje. Allí donde toda palabra no es más que un cadáver, un absurdo disfraz.
Pese al espesor del tema tratado, la obra trabaja fielmente sus profundidades. Los actores se lucen en la composición de estos complejos personajes. De estos seres que alguna vez fueron reales.
“Un judío polaco” pone en jaque a esta razón pendenciera que intenta subyugar el mundo reduciéndolo a sus límites. Inaugura un surco por donde comenzar a indagar esta inefable condición humana.
Un espectáculo que desafía a preguntarse por el hombre, por el curso inasible de la vida, por lo que hemos hecho, por lo que no podemos responder.
* Ubicación original de la nota en:
www.poesiaurbana.com.ar
martes, 16 de septiembre de 2008
Conocimos a Jorge Herrendorf en una de las funciones de la obra. El nos acercó estas palabras sensibles, cercanas, propias; motivado por lo que vió, por lo que la escena contaba y que lo llevo a evocar sus propias escenas.
La historia de Bereck se vuelve presente otra vez en esta evocación.
Jorge Herrendorf nos dice y queremos compartir su palabra.
Gracias Jorge.
"Un judío polaco". Un judío polaco de Lodz. La misma ciudad en que nació mi abuelo Moretz Herrendorf aproximadamente en 1880. El llegó a la Argentina en 1905, y usando sus palabras puedo decir que vino huyendo del Zar de Rusia que lo quería hacer soldado y de su propia familia que lo quería ver rabino.
Cuando se establece el Ghetto en 1940, cuando se cierra el círculo que deja prisioneros a los judíos incluidos en su propio barrio, dentro de sus miserables casas comienza el drama de Berek, el Judío Polaco que recrea Alejandro Mateo, un goy, un gentil, un no-judío a quien la historia del padre de su amigo Claudio lo enerva, lo fascina pese al terror y las desgracias que vivió desde aquellas noches de 1940, cuando a los 14 años de edad quedó encerrado en el ghetto.
Berek habla y nos dice: Soy Berek Frydman o Beniek o Berl, nací en Pabianice el primero de julio del año 1925. Yo, Jorge Herrendorf, nací en Tandil, 8 años después. Cuando Berek está en el gheto yo cursaba mi primer grado en una escuela de La Rioja, donde mis padres se sentían muy mal por el abierto antisemitismo de la sociedad provinciana. En esa época yo no tenía muy claro eso de ser judío, o no serlo. Ahora lo entiendo un poco mejor, pero nunca del todo. A Berek se lo hicieron entender a viva fuerza, con tormento y martirio, con pérdidas tremendas, incluso perdió su apego a la vida.
La obra me sedujo, mi propia judeidad afloró en cada tramo del relato, Berek fue por dos horas mi hermano mayor, el que quedó en Europa y que luego pudo salir del infierno, cuando yo ya terminaba mis estudios en Buenos Aires. Sin saberlo, un buen día me mudé al barrio de Berek, comí las pizzas del Imperio en Corrientes y Canning, y me paraba a esperar el 27 en la frente a la puerta del Café San Bernardo.
El cura párroco de la Iglesia de San Bernardo - me lo contó un amigo del cura y mío- decía que en esa iglesia se sentía como embajador del Vaticano en el barrio de Villa Crespo, ya que su templo estaba rodeado por más de una docena de sinagogas. Ironías de la historia hacen que Villa Crespo parezca el ghetto de los católicos encerrados entre templos judíos que deben protegerse con pilotes clavados en sus veredas.
Cuando Berek soportaba la guerra y sus miserias, las mujeres de mi casa tejían tricotas abrigadas para mandar al frente ruso, gordas tricotas con capucha para paliar el frío brutal. Mi abuelo llegaba puntualmente al medio día para escuchar las noticias de la guerra en la radio. Con Papá y Mamá íbamos al cine Novedades, en la calle Corrientes, a ver los noticiosos de la guerra. Me estremece sentir qué guerras diferentes tuvimos Berek y yo.
Ese fué el efecto que me causó un judío polaco. Me hizo sentir más judío, (¿lo suficiente?), y me recordó mis raíces de Lodz, que arrastró mi abuelo, y de cuyo suelo no querría llevar el polvo en mis zapatos.
Sentí también que Moretz, y sus hermanos y primos que vinieron a la Argentina en los primeros años del siglo XX fueron iluminados por su elección de salir de Europa cuando ya les había hecho mucho daño, pero ellos no sabían ni sospechaban, que si se quedaban no habrían podido esperar otro futuro que la muerte provocada, ejecutada, a toda edad, y con infinito dolor y miserias.
Y ahí estuvo Berek, Un Judío Polaco que dio su vida para poder llegar a contarlo en su impactante grabación en video que Mateo incluye en su acción y su palabra."--
viernes, 12 de septiembre de 2008



Dibujante judío polaco que alcanzó fama mundial gracias a sus ácidas viñetas contra Adolf Hitler y el nacionalsocialismo, publicadas entre 1939 y 1945 en la prensa norteamericana.
Szyk estudió arte en París y sus trabajos desde finales de los años veinte reflejaron la situación de los judíos en Europa.
Tras el estallido de
"¿Cómo se puede esperar de mí que dibuje paisajes y flores cuando el mundo está en llamas?, solía decir Szyk
domingo, 24 de agosto de 2008
Nicolás canta lo que me enseño Claudio en la sobremesa de una cena en su casa. Había amasado pan, el mantel era blanco.
Nicolás interpreta ahora a Claudio. La canción es esta y vuelvo a escucharla.
Eli, eli
Shelo igamer leolam.
Hajol vehaiam
Rishrush shel hamaim,
Berak hashamaim,
Tfilat adam.
Oh, Señor mi Dios, oro para que nunca cesen estas cosas: la arena y el mar, el rumor de las aguas, el trueno de los cielos y la plegaria del hombre.
viernes, 15 de agosto de 2008


Psyche Navegante Nro. 77
www.psyche-nvegante.com
Friedl Dicker-Brandeis
Una maestra clandestina
Sobre la entrada y dando la “bienvenida” al campo de Terezin en las afueras de Praga, esa ciudad imperial con casas y castillos de cuento de hadas, el cartel dice: “Arbeit match frei” (“El trabajo os hará libres”), igual que en los campos de Auschwitz y Birkenau, la misma leyenda.
Por el pórtico de esa fortaleza que fue construida para proteger a la región de Bohemia de las tropas enemigas durante las guerras prusiano – austriacas en el siglo XVIII, que luego albergaría una guarnición militar y en el siglo XIX sería utilizada como prisión para opositores a la monarquía de los Hasburgo; por ese pórtico que da al primer patio donde están las celdas comunes, pasa Friedl acompañada por su marido.
Hitler esta en el poder es el 14 de diciembre de 1942, siglo XX.
La fortaleza es ahora una prisión oficial de la Gestapo. Un año antes, el 24 de noviembre de 1941, los alemanes habían constituido allí un ghetto. Una ciudad tras las rejas. Una residencia estrictamente vigilada.
Friedl Dicker para ese entonces ya es una sólida artista. No es solo pintora si no que además diseña textiles, muebles, juguetes, escenografías, joyas, moda.
Nacida en Viena, Austria, en 1898, comenzará a los diecisiete años con su formación artística de la mano del pintor Franz Cizek del que tomaría muchos de los métodos pedagógicos que mas tarde aplicaría como docente en sus propias clases.
Cizek hacia 1885 había creado su “Escuela de arte infantil” que llegaría a tener gran reconocimiento. En ella promovería sus ideas de “arte como expresión” en los niños, considerando al arte infantil como lenguaje para la comunicación y para a evolución de estos.
Privaba a los niños de modelos a copiar para dar lugar a una genuina expresión de emociones personales, donde lo lúdico era una importante herramienta.
Sus teorías dieron lugar en esa época un aporte importante a los estudios sobre la psicología del niño y al campo de la pedagogía del arte que otros países de Europa tomarían.
Oskar Kokoschka seria uno de los alumnos de la escuela y luego docente de la misma.
Mas tarde, en 1919, Friedl ingresaría a
Filosofía y ética que sostendrá durante toda su vida.
Después de sus estudios en
Liberada llega a Praga donde comenzaría a trabajar con niños refugiados. En esos talleres de plástica, sus métodos se irán transformando en elemento terapéutico y efectivo para que estos puedan a partir de la expresión grafica y plástica elaborar sus traumas.
En 1936 contrae matrimonio con Pavel Brandéis, su primo.
Para 1942, la jerarquía nazi implementa su plan para “la solución final”, el asesinato sistemático y masivo de la población judía europea. Friedl se encuentra luchando para ganarse la vida en ese panorama hostil, cuando es apresada junto a su esposo y es empujada a traspasar ese pórtico del campo de Terezin.
Entre las cosas que logra llevar a su cautiverio, Friedl elige materiales y provisiones de arte.
En esos dos años de subsistencia en Terezin, clandestinamente se vuelca a la enseñanza de los niños confinados, ayudándolos a expresar sus temores, sus terrores y sus esperanzas a través del dibujo y la pintura.
Friedl divide en grandes grupos a los chicos y fomenta la valorización de trabajo de cada niño y la de los compañeros. A cada grupo le da temas para que se expresen y esto se registra en las series temáticas que lograron conservarse.
Con muy pocos elementos a su alcance (lápices, crayones y acuarelas) pintan sobre las superficies que logran encontrar, cartones, papeles ordinarios de envolver, formularios, etc., utilizando diferentes técnicas (collage, bordado sobre papel, dibujo, pintura).
Así experimentan con el color, la perspectiva, las formas y tienen también sus horas de “dibujo libre”.
La temática de los trabajos que se conservan se divide por un lado en claros ejercicios de composición y estudio, y por otro, en expresiones plásticas propias de un niño, paisajes, ciudades, flores, familias, animales, escenas fantásticas. Si bien estas imágenes no son reflejo de su cotidiana realidad, si lo son de sus recuerdos antes de Terezin.
Otro grupo de trabajos, menor en cantidad, representan sí esa nueva realidad, los dormitorios, las barracas, etc.
Padeciendo el hambre, las epidemias, viviendo generalmente separados de sus padres en “hogares” colectivos, estos niños con sus terribles sufrimientos también juegan, dibujan, escriben poemas.
El número de niños y jóvenes que pasaron por Terezin aun se discute. Se cree que la cifra supera los 11.000 entre niños y jóvenes de hasta 18 años. Solo un centenar de ellos lograría salir con vida de este infierno.
Construir entre la deshumanización y la muerte. Dibujar para no quedar ahogados en el silencio. Pintar para ser humanos.
En su mayoría son dibujos de niñas de entre 10 y 15 años, lo que hace suponer que esas clases de dibujo se realizaron más frecuentemente en el hogar para niñas L410.
Antes de ser deportada “al este” (Auschwitz) Friedl esconde en dos valijas 5.000 dibujos intentando de un modo resguardan la identidad de esos niños. Las valijas quedarían escondidas bajo un camastro y serían descubiertas diez años después.
Es Octubre de 1944 y el transporte donde la asignan es el Eo No.167.
Friedl Dicker Brandeis muere a los 46 años en Birkenau el 9 de ese mismo mes. Su marido sobreviviría
Terezin sería liberado el 8 de mayo de 1945.sábado, 9 de agosto de 2008
Gracias Maria Paula...estas palabras hacen en mí. Traen eco. Posibilidad de seguir pensando, de seguir preguntandome si todo esto es posible.
"Un JUDIO polaco" puede ser posible. Puede ser. Puede en mi y en esos otros que se empeñan en seguir hurgando en la basura, esperanzando, matizando la expresión todos los días.
Mateo.
LOS RESTOS
(homenaje)Para no intimidarlos
matizo mi expresión todos los días
me aparto huérfana al otro borde de la vereda
tratando de pasar inadvertida
para que sigan hurgando en la basura.
Los restos pueden esperanzar.
Y sigo con el corazón hecho un abrazo.
sábado, 2 de agosto de 2008
domingo, 27 de julio de 2008


(Elenco original de “Brundibar”, fotografía sacada de una película de propaganda Nazi, 1944. Archivos Yad Vashem, Jerusalén)
Nota publicada en el numero 76 de www.psyche-navegante.com
Brundibar. El cuento de unos niños triunfando sobre el mal.
La opera de Hans Krása. La historia de esos otros niños.
Alejandro Mateo
”Pequeño jardín.
Lleno de rosas y perfumes.
La senda es estrecha
Y un niño camina por ella.
El niño es pequeño, hermoso,
Como un botón.
Cuando el botón florezca
El niño no existirá.” (1)
Aninka y Pepicek son dos niños en problemas. Su padre ha muerto y su madre está muy enferma. El medico les ha recomendado conseguir leche fresca para que ella mejore, pero los niños no tienen dinero.
¿Cómo harán para conseguirla?
Viendo en el mercado a Brundibar se les ocurre una buena idea.
Brundibar es un organillero, un artista de feria que con su música y sus artes cautiva a todo aquel que pasa. Canta, baila y la gente en agradecimiento le arroja monedas.
A su manera ellos intentarán lo mismo y es así que comienzan a cantar para atraer la atención del público y recibir sus propias monedas. Pero al ser sus voces tan débiles como para opacar el organillo de Brundibar nadie los registra.
Profundamente tristes y ya de noche se les acercan un perro, un gato y un gorrión que escuchando sus problemas, les prometen ayuda.
Si todos los niños se unen para enfrentar a Brundibar podrán derrotarlo.
A la mañana siguiente, los animales convocan a todos los niños del pueblo y juntos se unen contra el desalmado organillero que en vano intenta acallar sus hermosos cantos.
Así logran conseguir el dinero para la leche que su madre necesita.
Aninka y Pepicek están felices, pero Brundibar sigilosamente se les acerca y logra robarles todo el dinero ganado.
Entonces los niños y los animales se unen para perseguirlo y terminan venciéndolo.
Brundibar finalmente es expulsado de la ciudad.
Y “colorin, colorado”
El bien triunfa sobre el mal.
Sobre esta historia basada en una canción popular checa, Adolf Hoffmeinster escribió el libreto de una opera a la que Hans Krása le puso música para ser interpretada por diez niños solistas y un coro de niños.
Krása fue un compositor cuya obra recibió las influencias de Gustav Malher y de los impresionistas y posteriormente por las nuevas tendencias del siglo XX.
Esta opera creada en el año 1938 en Praga se estreno en 1942 en un orfanato judío.
Krása no pudo estar. Lo nazis ya lo habían confinado al campo de concentración de Terezin donde se le encargaría luego dirigir las actividades musicales de la “Administración de actividades del tiempo libre”
Meses después irían a parar también allí Rudolf Freudfeld, el director de la opera, los niños del orfanato y tantos otros.
Miles permanecieron en el Guetho de Terezin antes de ser deportados a los campos de exterminio.
A pocos kilómetros de la ciudad de Praga y en la orilla oeste del río Ohre, en esa ciudad fortificada construida en 1780 bajo el Imperio Austro-Húngaro por el emperador José II en honor a su madre Maria Teresa, 150 años mas tarde la ocupación alemana armaría uno de sus tantos campos de concentración y exterminio. Allí serian confinados miles de judíos checos, holandeses, daneses, alemanes y muchos judíos ancianos prominentes y veteranos de la Primera Guerra Mundial.
Como propaganda nazi, Terezin era presentado siniestramente como una “ciudad balneario” donde los ancianos judíos alemanes podían “retirarse” con tranquilidad.
Otra era la realidad.
Un campo “de paso”. Una “antesala a la muerte”.
Cercada por dos muros de ladrillos en forma de estrella de cinco puntas y con un amplio foso entre los muros
No había cámaras de gas en Terezin, pero la escasez de agua y alimentos, las condiciones sanitarias, la superpoblación eran “antecámaras” a una muerte asegurada.
Sin embargo anteponiéndose ante tanto horror, los prisioneros, buscaron esas grietas donde poder acercarse a instancias de humanidad que hoy se vuelven presentes en esas obras que se pudieron rescatar y en el recuerdo de aquellos que sobrevivieron.
Al principio hechas clandestinamente (Solo podían llevar 50 kilos de equipaje y no tenían permitido incluir instrumentos musicales), luego aprovechadas con fines propagandísticos por los jerarcas nazis para dar una buena imagen ante el mundo, permitieron una ultima ilusión de vida una “normal” en donde se podían realizar actividades artísticas.
Conciertos de cámara, teatro, cabarets literarios, oratorio, conjuntos de jazz, recitales.
Oficialmente, la administración del campo estaba a cargo de los judíos, pero claro, bajo estricto control nazi.
Solicitada por el rey danés Christian X, el 23 de junio de 1944 una delegación de La Cruz Roja Internacional junto a dos delegados del gobierno danés (preocupados por las condiciones de vida en el gheto de los daneses enviados allí) visitaría Terezin. Ante la noticia los nazis se ponen a trabajar meses antes, en un programa de “embellecimiento” para los visitantes.
Un café donde los prisioneros podían escuchar música, tiendas donde comprar ropa de segunda mano, zonas de juego para los niños, un banco que operaba con dinero del campo, una biblioteca, una sinagoga y hasta un cementerio.
Paradójicamente La Cruz Roja Internacional, según la Convención de Ginebra de 1929, enviaba comida a la mayoría de los campos de concentración.
La película de propaganda nazi “El führer le regala a los judíos una ciudad” muestra una favorable imagen de ese gheto “modelo”, con una rica vida cultural. “El Führer es derecho y humano”
La visita duro seis horas y los nazis lograron pasar bien el informe. Luego volverían a iniciarse las deportaciones a Auschwitz.
Terezin llega a albergar pianistas de renombre, directores de orquesta, compositores, orquestas y conjuntos de cámara.
Víctor Ullman, un compositor moravo (1898-1943) compone a finales de 1943, sobre un texto que el poeta Peter Kein también escribió en el campo, la que seria la primer opera en los campos de concentración “El emperador de Atlantis” (también titulada “La muerte abdica”)
“Ven, Muerte, tú, nuestro convidado de hierro, ven a la morada de la vida. Danos el reposo después del sufrimiento y la miseria. Enséñanos a respetar las alegrías y las penas de nuestros hermanos. Enséñanos el mandamiento supremo: ¡No conjurarás en vano el gran nombre de la Muerte!” son algunas líneas de un lied que se escucha en esta obra llena de metáforas.
Esta opera de cámara no llego a estrenarse en esa oportunidad debido a las semejanzas que una delegación de la SS encontró entre el protagonista de la obra y la figura del führer.
De “Brundibard”, llegaron a darse más de cincuenta representaciones entre 1943 y 1944 en Terezin gracias a que Freudfeld se ocupo de llevar con él una partitura y a que los jefes del campo autorizaron a Krása, a escribir una nueva versión que se adaptara a lo instrumentos que tenían en el lugar.
El público era compuesto tanto por sus compañeros prisioneros como por sus verdugos.
“Toquen los tambores, hemos vencido…porque no nos doblegamos, porque no tuvimos miedo” dice en un momento el texto de la opera.
Seguramente ese “otro tiempo” que permitían los ensayos y las representaciones fuera una suerte de liberación en ese entorno. Una necesaria y única salida de escape ante ese espanto cotidiano.
La obra resulto muy popular. Los prisioneros veían en la figura de Brundibard a un Hitler vencido por la voluntad del bien. Los SS un divertimento infantil en un idioma que no entendían.
Durante ese año solistas y coros debieron ser renovados constantemente dependiendo de las deportaciones hasta octubre de 1944 cuando éstas se hacen masivas.
A pesar de las condiciones inhumanas a las que eran sometidos, los prisioneros desarrollaron su propia vida cultural.
En medio de la desolación los adultos prisioneros se ocuparon de la educación de lo niños a través de lecturas, obras de teatro, charlas.
Brundibard, es un relato esperanzador donde la fuerza de voluntad del espíritu humano y la unión demuestra que el bien puede triunfar y que ese es la mejor manera de luchar contra el mal.
Las voces de esos niños que cantaron Brundibad encontrarían el más certero de los silencios.
Pocos sobrevivieron. Encontraron la muerte que estaba esperándolos en las cámaras de gas, diezmados por el hambre y las epidemias, o en ejecuciones sumarias.
Krása también moriría allí.
Al borde del abismo ¿pudo el arte aliviarlos, hacerles creer que el bien ganaría finalmente como en “Brundibad”?
”Una pesadilla blanca
de chimeneas quemando sangre
para hijos de Judea
con rara estrella y rostro de hambre.
En invierno y verano es igual
tras alambres no hay estación.
Terezin de los niños jugar
con la muerte común
mientras pintaban el cielo azul,
mientras soñaban con corretear,
mientras creían aun en el mar,
y los llevaban a caminar para no regresar.
Terezin, pelota rota.
Sed de tardes ya increíbles
saltaron locas las altas tapias,
y el amor, irreductible,
quedo colgado en alambradas de Terezin.
Terezin, pelota rota” (2)
(1) “El Jardín” poesía escrita por Franta Bass (4.9.1930 – 28.10.1944) en Terezin
(2) “Terezin” (1968) Canción de Silvio Rodríguez. Artista Cubano
Fuente: “Música en el Lager- creación y aniquilamiento” Francisco Ramos
viernes, 25 de julio de 2008
La historia de un hombre al que de niño le roban patria, idioma, familia y nombre. La historia de alguien que intenta encontrar lugar en este mundo. Un viaje donde ira revelando ese pasado de niño judio refugiado en Gales.
Dice Sebald en un momento de ese recorrido. Dice Austerlitz el personaje:
" No me parece que comprendamos las leyes que rigen el retorno del pasado, pero cada vez me parece más como si no hubiera tiempo, sino diversos espacios, imbrincados entre sí, entre los que los vivos y los muertos, según el talante en que se encuentran, van de un lado a otro, y cuanto más lo pienso tanto más me parece que nosotros, los que todavía nos encontramos con vida, a los ojos de los muertos somos irreales y sólo a veces, en determinadas condiciones de luz y requisitos atmosféricos, resultamos visibles."
lunes, 21 de julio de 2008
Espectáculos
Un judío polaco. Dramaturgia y dirección: Alejandro Mateo. Intérpretes: Nicolás Mateo, Héctor Segura y Walter Rosenzwit. Asesoramiento literario: Claudio Frydman. Diseño lumínico: Cristina Lahet. Escenografía y vestuario: Alejandro Mateo. Asistencia de dirección: Cinthia Chomski. En el Espacio TBK, Trelles 2033, 1º. Duración 85 minutos. Los sábados, a las 21.Nuestra situación: buena
opina Alberto Catena:
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Frydman es el personaje central de Un judío polaco , la obra de Alejandro Mateo que, apelando a la ficción de un hijo que intenta armar la historia de su padre y a algunos recursos documentales -como el mencionado video-, nos acerca a esta escalofriante odisea individual, pero sobre todo a un universo de monstruosidades que es oportuno que sigamos evocando, porque no están tan lejanas en el tiempo de su consumación ni son tan ajenas a la realidad actual del planeta o de lo que nos ocurrió a los argentinos hace apenas tres décadas.
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La puesta de Mateo en esa habitación amplia que es el escenario del teatro TBK se las arregla con destreza para armar los tres espacios que necesita para desarrollar la obra.
El dispositivo es ingenioso y permite que los tres actores que intervienen en la pieza, interpretando a todos los personajes, se muevan de uno a otro sitio según lo requieran las necesidades del relato.
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El espectáculo tiene carnadura y calidad
viernes, 18 de julio de 2008
Sociedad
PRECISIONES DEL DIRECTOR DEL CENTRO SIMON WIESENTHAL
Dicen que hay avances en la búsqueda de un criminal de guerra nazi
El genocida austríaco Aribert Heim, "Doctor Muerte", estaría en Bariloche o en Chile.
Parece que Argentina va a quedar encasillada para siempre como uno de los principales refugios de criminales nazis en el mundo. Y con razón: ayer el director del Centro Simon Wiesenthal, Efraim Zuroff, anunció que en su organización tienen fuertes sospechas de que en Bariloche y sus alrededores -mencionó también a la ciudad chilena de Puerto Montt- se encontraría Aribert Heim, un genocida austríaco que actuó en tres campos de concentración y fue apodado como "El Doctor Muerte". Según Zuroff, el criminal habría sido visto en esa zona en los últimos 45 días.Hoy el nazi tendría 94 años. Pero eso no sería motivo para que se lo deje de perseguir. "La edad es irrelevante. El paso del tiempo de ninguna manera disminuye la culpa de los asesinos. Si llega el momento en que es capturado no hay que tener presente que es un anciano, sino las atrocidades que cometió de joven", explicó ayer a la tarde Zuroff en una conferencia de prensa que brindó en la sede de la AMIA junto a Sergio Widder, representante para América latina del Centro Simon Wiesenthal.
Zuroff, reconocido cazador de nazis, relató en la conferencia de prensa los "avances" que se habían logrado durante su reciente visita a Puerto Montt y Bariloche. En Puerto Montt justamente vive la hija de Aribert Heim, Waltraud Diharce. La mujer viaja con frecuencia a Bariloche, ciudad que sirvió de refugio a otros nazis.
"Recibimos algunas pistas que son bastante importantes, incluyendo gente que muy posiblemente lo vio en esa región", contó Zuroff. Y agregó: "Cuatro personas dieron información muy valiosa". Cuando se le pidieron precisiones, dijo que no podía darlas.
El Centro Simon Wiesenthal ofrece una recompensa de 315.000 euros (en los últimos días se agregaron 5.000 a los 310 mil originales; alrededor de 1,5 millón de pesos) por información que permita localizar, capturar, procesar y condenar a Heim.
En las próximas semanas se publicará en diferentes medios la oferta de la recompensa con fotos viejas de Heim y otra con su posible aspecto actual. Para brindar información sobre el paradero del criminal se puede llamar al número 011-1535904100 o escribir a la casilla de correo operacionultimaoportunidad@gmail.com.
Lo que hace presumir que Heim sigue con vida es que hace tres años la Policía alemana descubrió una cuenta bancaria a su nombre en un banco de Berlín con un saldo superior al millón de euros. "El hecho -dijo Zuroff- de que ninguno de sus tres hijos haya reclamado el dinero reforzó la sospecha de que sigue con vida".
Después, se incorporó a las SS en Finlandia y regresó a Alemania hacia el fin de la guerra. En 1945 fue capturado por tropas estadounidenses y estuvo detenido durante dos años y medio. Aunque se sabía de sus crímenes, fue liberado. En 1947 empezó a ejercer como ginecólogo en Alemania. En 1962, enterado de que sería detenido, huyo. Desde entonces ha logrado eludir la Justicia.
Erich Priebke: como capitán de las SS alemanas participó, en las afueras de Roma el 24 de marzo de 1944, en la masacre de las Fosas Ardeatinas, la represalia a un atentado cometido un día antes en el que habían muerto 33 soldados nazis. Como venganza, fueron ejecutadas 335 personas. Priebke residía en Bariloche , lugar en el que fue arrestado en mayo de 1994. Se lo extraditó a Italia en noviembre de 1995. Ahora cumple en ese país una condena a cadena perpetua.
Walter Kutschmann: llamado el carnicero de Riga, ingresó a la Argentina en 1948. Fue detenido en 1985 en Miramar, ciudad en la que vivía. Murió en prisión antes de ser extraditado a Alemania.
domingo, 6 de julio de 2008
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"Todos nosotros, en bloque que vamos a sobrevivir en un porcentaje relativamente irrisorio, somos la negación posible de esta sociedad. Caiga sobre nosotros la desgracia, la vergüenza, la piedra"
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"Estoy detenido porque soy un hombre libre, porque me he visto en la necesidad de ejercer mi libertad y he asumido esta necesidad"
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"Pero lo que mas pesa en tu vida son algunos seres que has conocido. Los libros, la musica, es distinto. Por enriquecedores que sean, no son nunca más que medios de llegar a los seres. Cuando lo son de verdad, claro está,. Los otros al final te resecan. Esta noche aclaré este asunto de una vez."
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"Mi mirada no es nada sin este paisaje, es revelada por él. Es la luz de este paisaje que inventa mi mirada. La historia de este paisaje, la larga historia de la creación de este paisaje..."
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"- Y yo ya sé lo que habría de contar.
- ¿Demasiadas cosas tal vez?
- O demasiado pocas, demasiado pocas en relación con lo que nunca se podrá contar."
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"- Tiempo para olvidar- dice-, es posible. Para contar despues del olvido."
Fragmento de la entrevista de Sol Alameda a JORGE SEMPRÚN (*), "EL TRIUNFO DE LOS DEPORTADOS"
El País Dominical, 5 / 6 / 1994.
—¿Aquella época todavía le provoca pesadillas?
—Pesadillas extrañas. Muchas veces no son debidas al recuerdo de aquello, sino que parece que todo lo que ha habido después es un sueño, como si la única realidad fuera aquello. Ahora menos, porque han pasado muchos años. Durante mucho tiempo no quise escribir esa experiencia. Sabía que la única manera de no recurrir al suicidio era olvidar. Y lo conseguí. Hice una cura de amnesia, pero a partir del día que escribí el primer libro de mi experiencia de confinamiento, El largo viaje, todo ha vuelto otra vez. Así que mi cura ha sido relativa.
—Se ha dicho que es imposible contar la vida en un campo de concentración.
—Tienes la impresión de que no cuentas la realidad. Ahora mismo, cuando hablaba contigo, me sentía como si lo que decía no tuviera sentido. Porque habría que contar tantas cosas que sucedían alrededor, y porque todo lo que dices es un reflejo tan pálido y mortecino de la realidad. Pero no es verdad, hay que contarlo una y otra vez.
—Usted era tan joven en aquel tiempo que esa experiencia de campo, de guerra, habrá marcado definitivamente su personalidad.
—Como dicen los psicoanalistas, es la escena primitiva. Eso me enseñó una cosa banal y que se aprende sin estar en un campo, aunque allí se aprende más deprisa; que el hombre, precisamente por ser un ser libre, es capaz de todo. Del bien y del mal. Aprendes que es mentira que el mal sea inhumano. El mal, el sadismo, es tan humano como el desinterés. Entendí por qué dicen los teólogos tomistas que Dios es inocente del mal. Tienen razón, y eso se vuelve contra ellos en el sentido de que la libertad humana tiene la capacidad de inventar el mal.
(*)Jorge Semprún . Escritor español.
Nació el 10 de diciembre de 1923 en Madrid-España. Durante la guerra civil española viajó a La Haya. Finalizada la contienda se exilió en París junto a su familia, allí terminó el bachillerato e ingresó en la universidad. En el año 1944 la Gestapo lo detiene por su afiliación al Partido Comunista Español y participar en la resistencia francesa. Lo deportaron a Buchenwald, campo de concentración nazi en el que vivió durante un año y cuatro meses. Liberado en 1945, trabajó en la revista "Les temps modernes" y fue traductor en la UNESCO. Fue nombrado miembro del Comité Central del PCE.
En 1967 consigue la nominación al Oscar al Mejor Guión Original por “LA GUERRE EST FINIE”, de Alain Resnais (Francia). Su primera novela "El largo viaje", de carácter autobiográfico, recibió el Premio Formentor y el Premio de la Resistencia. En el año 1977 ganó el Premio Planeta por su obra Autobiografía de Federico Sánchez. Fue ministro de cultura en la segunda legislatura del gobierno socialista de Felipe González.
De su obra literaria, marcada por sus experiencias políticas personales, destacan: La segunda muerte de Ramón Mercader (Premio Fémina 1969), Vaya domingo (1980), La algarabía (1982), La montaña blanca (1986), Federico Sánchez se despide de ustedes (1991), La escritura o la vida (1994) y Viviré con su nombre, morirá con el mío (2001)
viernes, 4 de julio de 2008
viernes, 27 de junio de 2008
El público dice sobre Un judío polaco
| 25/06/2008 - 08:06:08 - Mariani |
Espectáculo MUY recomendable.
domingo, 22 de junio de 2008

foto: Clara Muschietti.
No quiero escucharte más
no puedo ahora
que voy a hablar de vos
quedate callado
o no
o no lo sé
quiero verte muerto
bien muerto
quiero matarte
definitivamente
y no tanto
para que me duela demasiado
como te dolio
apagar el ruido de tu silencio
presente de palabras que oí
una y otra vez
cuando las dijiste
o cuando nunca
apagar el no recuerdo
de tanto dolor vivido
y por tantos más
quiero traerme mas allá
del espanto
traerte y despedirte
y volver a hacer una ceremonia
donde no sientas tanto frío
quiero poder abrigarte
con un mantel blanco
donde la mesa vuelva a servirse
u otra cosa
o no lo sé
con las manos que puedo
con este tiempo
donde todo
donde ya nada
volvera a recordarte
una y otra vez

foto de Clara Muschietti.
www.alternativa teatral.com
Nada puede sacarle de este espanto (Theodor Adorno)21/06/2008 | Por Mónica Berman | Espectáculo Un judío polaco
Los cruces, en ocasiones, son extraños. Un seminario en el que el profesor Alberto Pérez refería la "posición" de Adorno sobre los campos de concentración nazis es el origen de algunas de estas reflexiones.
Judío polaco nos presenta una construcción atípica. En el centro está el relato biográfico de Bereck, un sobreviviente de los campos de concentración que llegó a Buenos Aires luego de la guerra. Sin embargo el nombre "relato" probablemente no sea el que mejor le cuadre. Sobre todo si un relato implica un cierto orden y algún énfasis en la instancia de los acontecimientos.
Lo que se va a contar aparece sistemáticamente atravesado por mediaciones.
El hombre real que ya no existe, aparece en un televisor recordando su propia historia. Allí esta él, en primer plano. No es del orden de la ficción, pero está entretejido con la construcción ficcional más evidente. Salvo esta inscripción de lo real, el resto mostrará de manera constante el artificio. Pero el artificio del modo de contar. Lo que se cuenta, lamentablemente, ha tenido lugar.
Habrá un actor que hará de Bereck (repetirá textos que escuchamos decir a través del televisor) y los personajes del Padre y del Hijo que, a su vez, también asumirán otros papeles. En este mismo marco, interrumpido de manera constante, se representa un set de televisión de un programa denominado "Horrores de la historia", en el que es entrevistado por un conductor entre insensible e idiota, el hijo de Bereck.
Esto es del orden del armado. Es inevitable mencionar la crítica a la televisión que, en su carrera por obtener audiencia, se lleva por delante el último vestigio de compasión o de dignidad. Pero no es lo central. Lo que está presente de manera constante es la historia del sobreviviente. ¿Cómo contar lo que no se puede contar? El planteo de la puesta pone en primer plano esta cuestión. La experiencia de vida se constituye en narración oral, en escritura, en representación. No se articula de manera directa, ordenada, cronológica. Aparecen los retazos del recuerdo, las reconstrucciones de la memoria.
Y acá es donde se puede pensar el planteo del profesor Alberto Pérez, en su reconstrucción adorniana.
Bereck nos cuenta el pasado anterior a su pasaje por los diferentes campos de concentración, un pasado de fábrica textil, de piezas en el orden de una máquina a la que se suele llamar capitalismo.
En los ghettos la historia se repite: el hombre fabrica en serie, no es más que una pieza de un mecanismo bajo perfecto control. Y las piezas, cuando se tornan inútiles, pueden ser fácilmente reemplazadas por otras.
Cuando Bereck confecciona abrigos para los soldados alemanes, se pone de manifiesto este proceso. Serán piezas de una máquina, pero su producción es útil. Es necesario, descender más escalones. A medida que avanza su historia en el marco de la Historia, se repetirá la situación: en una cantera hay 187 escalones por los que se suben y se bajan piedras de 50 kilos ¿Con qué objeto? Ninguno. Se ha llegado al puro mecanismo, la mostración de la máquina, pero exacerbada en su cruel inutilidad.
Adorno sostiene que la muerte colectiva que implicó aquel genocidio (en ese momento, afirma Alberto Pérez, los nombres no estaban en disputa) la muerte burocráticamente administrada, es imposible de teorizar. Si aparece la posibilidad de argumentar, entra en juego el estar "a favor o en contra", existe la posibilidad de minimizar, de reducir, de justificar. Por lo tanto este genocidio no se puede decir, ni siquiera se lo puede pensar.
En alguna medida podría sostenerse que la puesta manifiesta la dificultad de nombrar, de articular la historia.
El espacio construido es un espacio cambiante, en algún momento (el del presente del relato) indefinible. Se acumulan objetos de diverso orden, se coleccionan, compiten por el reducido espacio. Cuando se recuerda la infancia feliz (porque la hubo, porque hubo un tiempo feliz antes de los diferentes nombres del horror) el espacio es armónico, incluso (brevemente) realista, claro, luminoso, una cocina en la que puede habitar una familia.
Nadie es quien sostiene ser, no hay identidad en el marco de la ficción. Los roles cambian, las voces y los papeles se reparten, no hay un orden ni de los acontecimientos, ni de las instancias que diferencian lo real del teatro en el teatro.
Como se decía en el inicio, en primer plano está la mediación, porque no existe manera de contar directamente una experiencia que no hace otra cosa que mostrar la incapacidad de ser comunicable.
jueves, 19 de junio de 2008
como un espectro del futuro
Paul Celan
XVIII
Como si todo eso posible
escrito hasta ahora
fuera tan poco
como si una vida
pudiera empezar de nuevo
tantas veces
Del excelente poemario de Maria Fernanda Fayanás recientemente publicado por Ediciones del Dock, recorto y comparto este texto que al escucharlo, me sigue haciendo pensar y trabajar las formas de este "Un JUDIO polaco"
Mateo.














