

Interiores a través del cristal





www.elmundo.es/magazine
Por Corina Román. Fotografías de Henryk Ross
POESÍA URBANA escribió:
Cobertura: (Teatro) "Un Judío Polaco" en Paternal (sábados hasta el 29/11)
Alejandro Mateo presenta su nueva obra “Un judío Polaco”, en el espacio TBK.
Estrategia, cálculo. La estrategia es compleja por su simplicidad, pues demanda conocer al enemigo, estudiarlo, actuar.
Un hombre se esmera por permanecer, allí donde la razón se ha convertido en un inmenso aparato de la muerte. ¿Hasta dónde nos ha llevado el iluminismo? ¿Hasta dónde la razón y la promesa del progreso?
Estrategia, cálculo, acción. Toda la inteligencia humana en pos de continuar siendo humano, en un abrazo inquebrantable con lo que queda, hommo sacer, vida desnuda.
Tres hombres cuentan la historia de Berek, un judío polaco sobreviviente de los campos de concentración alemanes.
La obra devela esa región del ser que siempre se escapa. Estalla en preguntas, en espacios ocultos.
"La inteligencia me dice que este mundo es absurdo”, confiesa Camus, y al ver a Berek
intentando despojarse de su condición de sobreviviente, así no me quedan dudas. Al ver en sus ojos fotogramas múltiples de los más desquiciados horrores, adivino el límite del lenguaje. Allí donde toda palabra no es más que un cadáver, un absurdo disfraz.
Pese al espesor del tema tratado, la obra trabaja fielmente sus profundidades. Los actores se lucen en la composición de estos complejos personajes. De estos seres que alguna vez fueron reales.
“Un judío polaco” pone en jaque a esta razón pendenciera que intenta subyugar el mundo reduciéndolo a sus límites. Inaugura un surco por donde comenzar a indagar esta inefable condición humana.
Un espectáculo que desafía a preguntarse por el hombre, por el curso inasible de la vida, por lo que hemos hecho, por lo que no podemos responder.
* Ubicación original de la nota en:
www.poesiaurbana.com.ar
Conocimos a Jorge Herrendorf en una de las funciones de la obra. El nos acercó estas palabras sensibles, cercanas, propias; motivado por lo que vió, por lo que la escena contaba y que lo llevo a evocar sus propias escenas.
La historia de Bereck se vuelve presente otra vez en esta evocación.
Jorge Herrendorf nos dice y queremos compartir su palabra.
Gracias Jorge.
"Un judío polaco". Un judío polaco de Lodz. La misma ciudad en que nació mi abuelo Moretz Herrendorf aproximadamente en 1880. El llegó a la Argentina en 1905, y usando sus palabras puedo decir que vino huyendo del Zar de Rusia que lo quería hacer soldado y de su propia familia que lo quería ver rabino.
Cuando se establece el Ghetto en 1940, cuando se cierra el círculo que deja prisioneros a los judíos incluidos en su propio barrio, dentro de sus miserables casas comienza el drama de Berek, el Judío Polaco que recrea Alejandro Mateo, un goy, un gentil, un no-judío a quien la historia del padre de su amigo Claudio lo enerva, lo fascina pese al terror y las desgracias que vivió desde aquellas noches de 1940, cuando a los 14 años de edad quedó encerrado en el ghetto.
Berek habla y nos dice: Soy Berek Frydman o Beniek o Berl, nací en Pabianice el primero de julio del año 1925. Yo, Jorge Herrendorf, nací en Tandil, 8 años después. Cuando Berek está en el gheto yo cursaba mi primer grado en una escuela de La Rioja, donde mis padres se sentían muy mal por el abierto antisemitismo de la sociedad provinciana. En esa época yo no tenía muy claro eso de ser judío, o no serlo. Ahora lo entiendo un poco mejor, pero nunca del todo. A Berek se lo hicieron entender a viva fuerza, con tormento y martirio, con pérdidas tremendas, incluso perdió su apego a la vida.
La obra me sedujo, mi propia judeidad afloró en cada tramo del relato, Berek fue por dos horas mi hermano mayor, el que quedó en Europa y que luego pudo salir del infierno, cuando yo ya terminaba mis estudios en Buenos Aires. Sin saberlo, un buen día me mudé al barrio de Berek, comí las pizzas del Imperio en Corrientes y Canning, y me paraba a esperar el 27 en la frente a la puerta del Café San Bernardo.
El cura párroco de la Iglesia de San Bernardo - me lo contó un amigo del cura y mío- decía que en esa iglesia se sentía como embajador del Vaticano en el barrio de Villa Crespo, ya que su templo estaba rodeado por más de una docena de sinagogas. Ironías de la historia hacen que Villa Crespo parezca el ghetto de los católicos encerrados entre templos judíos que deben protegerse con pilotes clavados en sus veredas.
Cuando Berek soportaba la guerra y sus miserias, las mujeres de mi casa tejían tricotas abrigadas para mandar al frente ruso, gordas tricotas con capucha para paliar el frío brutal. Mi abuelo llegaba puntualmente al medio día para escuchar las noticias de la guerra en la radio. Con Papá y Mamá íbamos al cine Novedades, en la calle Corrientes, a ver los noticiosos de la guerra. Me estremece sentir qué guerras diferentes tuvimos Berek y yo.
Ese fué el efecto que me causó un judío polaco. Me hizo sentir más judío, (¿lo suficiente?), y me recordó mis raíces de Lodz, que arrastró mi abuelo, y de cuyo suelo no querría llevar el polvo en mis zapatos.
Sentí también que Moretz, y sus hermanos y primos que vinieron a la Argentina en los primeros años del siglo XX fueron iluminados por su elección de salir de Europa cuando ya les había hecho mucho daño, pero ellos no sabían ni sospechaban, que si se quedaban no habrían podido esperar otro futuro que la muerte provocada, ejecutada, a toda edad, y con infinito dolor y miserias.
Y ahí estuvo Berek, Un Judío Polaco que dio su vida para poder llegar a contarlo en su impactante grabación en video que Mateo incluye en su acción y su palabra."--



Dibujante judío polaco que alcanzó fama mundial gracias a sus ácidas viñetas contra Adolf Hitler y el nacionalsocialismo, publicadas entre 1939 y 1945 en la prensa norteamericana.
Szyk estudió arte en París y sus trabajos desde finales de los años veinte reflejaron la situación de los judíos en Europa.
Tras el estallido de
"¿Cómo se puede esperar de mí que dibuje paisajes y flores cuando el mundo está en llamas?, solía decir Szyk
Nicolás canta lo que me enseño Claudio en la sobremesa de una cena en su casa. Había amasado pan, el mantel era blanco.
Nicolás interpreta ahora a Claudio. La canción es esta y vuelvo a escucharla.
Eli, eli
Shelo igamer leolam.
Hajol vehaiam
Rishrush shel hamaim,
Berak hashamaim,
Tfilat adam.
Oh, Señor mi Dios, oro para que nunca cesen estas cosas: la arena y el mar, el rumor de las aguas, el trueno de los cielos y la plegaria del hombre.


Psyche Navegante Nro. 77
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Friedl Dicker-Brandeis
Una maestra clandestina
Sobre la entrada y dando la “bienvenida” al campo de Terezin en las afueras de Praga, esa ciudad imperial con casas y castillos de cuento de hadas, el cartel dice: “Arbeit match frei” (“El trabajo os hará libres”), igual que en los campos de Auschwitz y Birkenau, la misma leyenda.
Por el pórtico de esa fortaleza que fue construida para proteger a la región de Bohemia de las tropas enemigas durante las guerras prusiano – austriacas en el siglo XVIII, que luego albergaría una guarnición militar y en el siglo XIX sería utilizada como prisión para opositores a la monarquía de los Hasburgo; por ese pórtico que da al primer patio donde están las celdas comunes, pasa Friedl acompañada por su marido.
Hitler esta en el poder es el 14 de diciembre de 1942, siglo XX.
La fortaleza es ahora una prisión oficial de la Gestapo. Un año antes, el 24 de noviembre de 1941, los alemanes habían constituido allí un ghetto. Una ciudad tras las rejas. Una residencia estrictamente vigilada.
Friedl Dicker para ese entonces ya es una sólida artista. No es solo pintora si no que además diseña textiles, muebles, juguetes, escenografías, joyas, moda.
Nacida en Viena, Austria, en 1898, comenzará a los diecisiete años con su formación artística de la mano del pintor Franz Cizek del que tomaría muchos de los métodos pedagógicos que mas tarde aplicaría como docente en sus propias clases.
Cizek hacia 1885 había creado su “Escuela de arte infantil” que llegaría a tener gran reconocimiento. En ella promovería sus ideas de “arte como expresión” en los niños, considerando al arte infantil como lenguaje para la comunicación y para a evolución de estos.
Privaba a los niños de modelos a copiar para dar lugar a una genuina expresión de emociones personales, donde lo lúdico era una importante herramienta.
Sus teorías dieron lugar en esa época un aporte importante a los estudios sobre la psicología del niño y al campo de la pedagogía del arte que otros países de Europa tomarían.
Oskar Kokoschka seria uno de los alumnos de la escuela y luego docente de la misma.
Mas tarde, en 1919, Friedl ingresaría a
Filosofía y ética que sostendrá durante toda su vida.
Después de sus estudios en
Liberada llega a Praga donde comenzaría a trabajar con niños refugiados. En esos talleres de plástica, sus métodos se irán transformando en elemento terapéutico y efectivo para que estos puedan a partir de la expresión grafica y plástica elaborar sus traumas.
En 1936 contrae matrimonio con Pavel Brandéis, su primo.
Para 1942, la jerarquía nazi implementa su plan para “la solución final”, el asesinato sistemático y masivo de la población judía europea. Friedl se encuentra luchando para ganarse la vida en ese panorama hostil, cuando es apresada junto a su esposo y es empujada a traspasar ese pórtico del campo de Terezin.
Entre las cosas que logra llevar a su cautiverio, Friedl elige materiales y provisiones de arte.
En esos dos años de subsistencia en Terezin, clandestinamente se vuelca a la enseñanza de los niños confinados, ayudándolos a expresar sus temores, sus terrores y sus esperanzas a través del dibujo y la pintura.
Friedl divide en grandes grupos a los chicos y fomenta la valorización de trabajo de cada niño y la de los compañeros. A cada grupo le da temas para que se expresen y esto se registra en las series temáticas que lograron conservarse.
Con muy pocos elementos a su alcance (lápices, crayones y acuarelas) pintan sobre las superficies que logran encontrar, cartones, papeles ordinarios de envolver, formularios, etc., utilizando diferentes técnicas (collage, bordado sobre papel, dibujo, pintura).
Así experimentan con el color, la perspectiva, las formas y tienen también sus horas de “dibujo libre”.
La temática de los trabajos que se conservan se divide por un lado en claros ejercicios de composición y estudio, y por otro, en expresiones plásticas propias de un niño, paisajes, ciudades, flores, familias, animales, escenas fantásticas. Si bien estas imágenes no son reflejo de su cotidiana realidad, si lo son de sus recuerdos antes de Terezin.
Otro grupo de trabajos, menor en cantidad, representan sí esa nueva realidad, los dormitorios, las barracas, etc.
Padeciendo el hambre, las epidemias, viviendo generalmente separados de sus padres en “hogares” colectivos, estos niños con sus terribles sufrimientos también juegan, dibujan, escriben poemas.
El número de niños y jóvenes que pasaron por Terezin aun se discute. Se cree que la cifra supera los 11.000 entre niños y jóvenes de hasta 18 años. Solo un centenar de ellos lograría salir con vida de este infierno.
Construir entre la deshumanización y la muerte. Dibujar para no quedar ahogados en el silencio. Pintar para ser humanos.
En su mayoría son dibujos de niñas de entre 10 y 15 años, lo que hace suponer que esas clases de dibujo se realizaron más frecuentemente en el hogar para niñas L410.
Antes de ser deportada “al este” (Auschwitz) Friedl esconde en dos valijas 5.000 dibujos intentando de un modo resguardan la identidad de esos niños. Las valijas quedarían escondidas bajo un camastro y serían descubiertas diez años después.
Es Octubre de 1944 y el transporte donde la asignan es el Eo No.167.
Friedl Dicker Brandeis muere a los 46 años en Birkenau el 9 de ese mismo mes. Su marido sobreviviría
Terezin sería liberado el 8 de mayo de 1945.(homenaje)Para no intimidarlos
matizo mi expresión todos los días
me aparto huérfana al otro borde de la vereda
tratando de pasar inadvertida
para que sigan hurgando en la basura.
Los restos pueden esperanzar.
Y sigo con el corazón hecho un abrazo.


Nota publicada en el numero 76 de www.psyche-navegante.com
Brundibar. El cuento de unos niños triunfando sobre el mal.
La opera de Hans Krása. La historia de esos otros niños.
Alejandro Mateo
”Pequeño jardín.
Lleno de rosas y perfumes.
La senda es estrecha
Y un niño camina por ella.
El niño es pequeño, hermoso,
Como un botón.
Cuando el botón florezca
El niño no existirá.” (1)
Aninka y Pepicek son dos niños en problemas. Su padre ha muerto y su madre está muy enferma. El medico les ha recomendado conseguir leche fresca para que ella mejore, pero los niños no tienen dinero.
¿Cómo harán para conseguirla?
Viendo en el mercado a Brundibar se les ocurre una buena idea.
Brundibar es un organillero, un artista de feria que con su música y sus artes cautiva a todo aquel que pasa. Canta, baila y la gente en agradecimiento le arroja monedas.
A su manera ellos intentarán lo mismo y es así que comienzan a cantar para atraer la atención del público y recibir sus propias monedas. Pero al ser sus voces tan débiles como para opacar el organillo de Brundibar nadie los registra.
Profundamente tristes y ya de noche se les acercan un perro, un gato y un gorrión que escuchando sus problemas, les prometen ayuda.
Si todos los niños se unen para enfrentar a Brundibar podrán derrotarlo.
A la mañana siguiente, los animales convocan a todos los niños del pueblo y juntos se unen contra el desalmado organillero que en vano intenta acallar sus hermosos cantos.
Así logran conseguir el dinero para la leche que su madre necesita.
Aninka y Pepicek están felices, pero Brundibar sigilosamente se les acerca y logra robarles todo el dinero ganado.
Entonces los niños y los animales se unen para perseguirlo y terminan venciéndolo.
Brundibar finalmente es expulsado de la ciudad.
Y “colorin, colorado”
El bien triunfa sobre el mal.
Sobre esta historia basada en una canción popular checa, Adolf Hoffmeinster escribió el libreto de una opera a la que Hans Krása le puso música para ser interpretada por diez niños solistas y un coro de niños.
Krása fue un compositor cuya obra recibió las influencias de Gustav Malher y de los impresionistas y posteriormente por las nuevas tendencias del siglo XX.
Esta opera creada en el año 1938 en Praga se estreno en 1942 en un orfanato judío.
Krása no pudo estar. Lo nazis ya lo habían confinado al campo de concentración de Terezin donde se le encargaría luego dirigir las actividades musicales de la “Administración de actividades del tiempo libre”
Meses después irían a parar también allí Rudolf Freudfeld, el director de la opera, los niños del orfanato y tantos otros.
Miles permanecieron en el Guetho de Terezin antes de ser deportados a los campos de exterminio.
A pocos kilómetros de la ciudad de Praga y en la orilla oeste del río Ohre, en esa ciudad fortificada construida en 1780 bajo el Imperio Austro-Húngaro por el emperador José II en honor a su madre Maria Teresa, 150 años mas tarde la ocupación alemana armaría uno de sus tantos campos de concentración y exterminio. Allí serian confinados miles de judíos checos, holandeses, daneses, alemanes y muchos judíos ancianos prominentes y veteranos de la Primera Guerra Mundial.
Como propaganda nazi, Terezin era presentado siniestramente como una “ciudad balneario” donde los ancianos judíos alemanes podían “retirarse” con tranquilidad.
Otra era la realidad.
Un campo “de paso”. Una “antesala a la muerte”.
Cercada por dos muros de ladrillos en forma de estrella de cinco puntas y con un amplio foso entre los muros
No había cámaras de gas en Terezin, pero la escasez de agua y alimentos, las condiciones sanitarias, la superpoblación eran “antecámaras” a una muerte asegurada.
Sin embargo anteponiéndose ante tanto horror, los prisioneros, buscaron esas grietas donde poder acercarse a instancias de humanidad que hoy se vuelven presentes en esas obras que se pudieron rescatar y en el recuerdo de aquellos que sobrevivieron.
Al principio hechas clandestinamente (Solo podían llevar 50 kilos de equipaje y no tenían permitido incluir instrumentos musicales), luego aprovechadas con fines propagandísticos por los jerarcas nazis para dar una buena imagen ante el mundo, permitieron una ultima ilusión de vida una “normal” en donde se podían realizar actividades artísticas.
Conciertos de cámara, teatro, cabarets literarios, oratorio, conjuntos de jazz, recitales.
Oficialmente, la administración del campo estaba a cargo de los judíos, pero claro, bajo estricto control nazi.
Solicitada por el rey danés Christian X, el 23 de junio de 1944 una delegación de La Cruz Roja Internacional junto a dos delegados del gobierno danés (preocupados por las condiciones de vida en el gheto de los daneses enviados allí) visitaría Terezin. Ante la noticia los nazis se ponen a trabajar meses antes, en un programa de “embellecimiento” para los visitantes.
Un café donde los prisioneros podían escuchar música, tiendas donde comprar ropa de segunda mano, zonas de juego para los niños, un banco que operaba con dinero del campo, una biblioteca, una sinagoga y hasta un cementerio.
Paradójicamente La Cruz Roja Internacional, según la Convención de Ginebra de 1929, enviaba comida a la mayoría de los campos de concentración.
La película de propaganda nazi “El führer le regala a los judíos una ciudad” muestra una favorable imagen de ese gheto “modelo”, con una rica vida cultural. “El Führer es derecho y humano”
La visita duro seis horas y los nazis lograron pasar bien el informe. Luego volverían a iniciarse las deportaciones a Auschwitz.
Terezin llega a albergar pianistas de renombre, directores de orquesta, compositores, orquestas y conjuntos de cámara.
Víctor Ullman, un compositor moravo (1898-1943) compone a finales de 1943, sobre un texto que el poeta Peter Kein también escribió en el campo, la que seria la primer opera en los campos de concentración “El emperador de Atlantis” (también titulada “La muerte abdica”)
“Ven, Muerte, tú, nuestro convidado de hierro, ven a la morada de la vida. Danos el reposo después del sufrimiento y la miseria. Enséñanos a respetar las alegrías y las penas de nuestros hermanos. Enséñanos el mandamiento supremo: ¡No conjurarás en vano el gran nombre de la Muerte!” son algunas líneas de un lied que se escucha en esta obra llena de metáforas.
Esta opera de cámara no llego a estrenarse en esa oportunidad debido a las semejanzas que una delegación de la SS encontró entre el protagonista de la obra y la figura del führer.
De “Brundibard”, llegaron a darse más de cincuenta representaciones entre 1943 y 1944 en Terezin gracias a que Freudfeld se ocupo de llevar con él una partitura y a que los jefes del campo autorizaron a Krása, a escribir una nueva versión que se adaptara a lo instrumentos que tenían en el lugar.
El público era compuesto tanto por sus compañeros prisioneros como por sus verdugos.
“Toquen los tambores, hemos vencido…porque no nos doblegamos, porque no tuvimos miedo” dice en un momento el texto de la opera.
Seguramente ese “otro tiempo” que permitían los ensayos y las representaciones fuera una suerte de liberación en ese entorno. Una necesaria y única salida de escape ante ese espanto cotidiano.
La obra resulto muy popular. Los prisioneros veían en la figura de Brundibard a un Hitler vencido por la voluntad del bien. Los SS un divertimento infantil en un idioma que no entendían.
Durante ese año solistas y coros debieron ser renovados constantemente dependiendo de las deportaciones hasta octubre de 1944 cuando éstas se hacen masivas.
A pesar de las condiciones inhumanas a las que eran sometidos, los prisioneros desarrollaron su propia vida cultural.
En medio de la desolación los adultos prisioneros se ocuparon de la educación de lo niños a través de lecturas, obras de teatro, charlas.
Brundibard, es un relato esperanzador donde la fuerza de voluntad del espíritu humano y la unión demuestra que el bien puede triunfar y que ese es la mejor manera de luchar contra el mal.
Las voces de esos niños que cantaron Brundibad encontrarían el más certero de los silencios.
Pocos sobrevivieron. Encontraron la muerte que estaba esperándolos en las cámaras de gas, diezmados por el hambre y las epidemias, o en ejecuciones sumarias.
Krása también moriría allí.
Al borde del abismo ¿pudo el arte aliviarlos, hacerles creer que el bien ganaría finalmente como en “Brundibad”?
”Una pesadilla blanca
de chimeneas quemando sangre
para hijos de Judea
con rara estrella y rostro de hambre.
En invierno y verano es igual
tras alambres no hay estación.
Terezin de los niños jugar
con la muerte común
mientras pintaban el cielo azul,
mientras soñaban con corretear,
mientras creían aun en el mar,
y los llevaban a caminar para no regresar.
Terezin, pelota rota.
Sed de tardes ya increíbles
saltaron locas las altas tapias,
y el amor, irreductible,
quedo colgado en alambradas de Terezin.
Terezin, pelota rota” (2)
(1) “El Jardín” poesía escrita por Franta Bass (4.9.1930 – 28.10.1944) en Terezin
(2) “Terezin” (1968) Canción de Silvio Rodríguez. Artista Cubano
Fuente: “Música en el Lager- creación y aniquilamiento” Francisco Ramos
| 25/06/2008 - 08:06:08 - Mariani |


Los cruces, en ocasiones, son extraños. Un seminario en el que el profesor Alberto Pérez refería la "posición" de Adorno sobre los campos de concentración nazis es el origen de algunas de estas reflexiones.
Judío polaco nos presenta una construcción atípica. En el centro está el relato biográfico de Bereck, un sobreviviente de los campos de concentración que llegó a Buenos Aires luego de la guerra. Sin embargo el nombre "relato" probablemente no sea el que mejor le cuadre. Sobre todo si un relato implica un cierto orden y algún énfasis en la instancia de los acontecimientos.
Lo que se va a contar aparece sistemáticamente atravesado por mediaciones.
El hombre real que ya no existe, aparece en un televisor recordando su propia historia. Allí esta él, en primer plano. No es del orden de la ficción, pero está entretejido con la construcción ficcional más evidente. Salvo esta inscripción de lo real, el resto mostrará de manera constante el artificio. Pero el artificio del modo de contar. Lo que se cuenta, lamentablemente, ha tenido lugar.
Habrá un actor que hará de Bereck (repetirá textos que escuchamos decir a través del televisor) y los personajes del Padre y del Hijo que, a su vez, también asumirán otros papeles. En este mismo marco, interrumpido de manera constante, se representa un set de televisión de un programa denominado "Horrores de la historia", en el que es entrevistado por un conductor entre insensible e idiota, el hijo de Bereck.
Esto es del orden del armado. Es inevitable mencionar la crítica a la televisión que, en su carrera por obtener audiencia, se lleva por delante el último vestigio de compasión o de dignidad. Pero no es lo central. Lo que está presente de manera constante es la historia del sobreviviente. ¿Cómo contar lo que no se puede contar? El planteo de la puesta pone en primer plano esta cuestión. La experiencia de vida se constituye en narración oral, en escritura, en representación. No se articula de manera directa, ordenada, cronológica. Aparecen los retazos del recuerdo, las reconstrucciones de la memoria.
Y acá es donde se puede pensar el planteo del profesor Alberto Pérez, en su reconstrucción adorniana.
Bereck nos cuenta el pasado anterior a su pasaje por los diferentes campos de concentración, un pasado de fábrica textil, de piezas en el orden de una máquina a la que se suele llamar capitalismo.
En los ghettos la historia se repite: el hombre fabrica en serie, no es más que una pieza de un mecanismo bajo perfecto control. Y las piezas, cuando se tornan inútiles, pueden ser fácilmente reemplazadas por otras.
Cuando Bereck confecciona abrigos para los soldados alemanes, se pone de manifiesto este proceso. Serán piezas de una máquina, pero su producción es útil. Es necesario, descender más escalones. A medida que avanza su historia en el marco de la Historia, se repetirá la situación: en una cantera hay 187 escalones por los que se suben y se bajan piedras de 50 kilos ¿Con qué objeto? Ninguno. Se ha llegado al puro mecanismo, la mostración de la máquina, pero exacerbada en su cruel inutilidad.
Adorno sostiene que la muerte colectiva que implicó aquel genocidio (en ese momento, afirma Alberto Pérez, los nombres no estaban en disputa) la muerte burocráticamente administrada, es imposible de teorizar. Si aparece la posibilidad de argumentar, entra en juego el estar "a favor o en contra", existe la posibilidad de minimizar, de reducir, de justificar. Por lo tanto este genocidio no se puede decir, ni siquiera se lo puede pensar.
En alguna medida podría sostenerse que la puesta manifiesta la dificultad de nombrar, de articular la historia.
El espacio construido es un espacio cambiante, en algún momento (el del presente del relato) indefinible. Se acumulan objetos de diverso orden, se coleccionan, compiten por el reducido espacio. Cuando se recuerda la infancia feliz (porque la hubo, porque hubo un tiempo feliz antes de los diferentes nombres del horror) el espacio es armónico, incluso (brevemente) realista, claro, luminoso, una cocina en la que puede habitar una familia.
Nadie es quien sostiene ser, no hay identidad en el marco de la ficción. Los roles cambian, las voces y los papeles se reparten, no hay un orden ni de los acontecimientos, ni de las instancias que diferencian lo real del teatro en el teatro.
Como se decía en el inicio, en primer plano está la mediación, porque no existe manera de contar directamente una experiencia que no hace otra cosa que mostrar la incapacidad de ser comunicable.
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El Holocausto es un tema transitado con regularidad por la dramaturgia del mundo. Los autores y directores argentinos no están al margen de esto. El teatro se posiciona ante el tema y se convierte en un recurso válido de memoria, intertextualidad y denuncia. Saludable ejercicio para no olvidar las tragedias que azotaron, y azotan, a la humanidad.
Esta vez, el tema es abordado con suma inteligencia, y con osadía. Y es aquí donde reside uno de los méritos de la obra: el planteo se genera desde un desparpajo que no le resta profundidad ni espanto.
"Un judío polaco" otorga, a través de planos de acción superpuestos, la revisión del testimonio de un sobreviviente polaco de los ghettos de Pabianice, Lodz, y de los campos de Auschwitz, Mauthausen y Gusen ll. Y, en simultáneo, la historia de un padre y un hijo, y el traslado hipotético a Buenos Aires. En el medio, lo mediático corruptible, morboso y superficial que puede generar un programa de televisión sensacionalista. Humor negro, frases chocantes, inquietud que logran movilizar a la platea.
Las actuaciones de Nicolás Mateo, Héctor Segura y Walter Rosenzwit son parejas, medidas y convincentes.
El espacio escénico, un típico departamento ph de La Paternal, se potencia permitiendo la acción simultánea en diversos planos.
Un acierto la incorporación de la imagen en video para dar cuenta de un crudo testimonio que se convierte en protagonista, en un cruce de tiempo y espacio que dispara la reflexión.
"Ver "Un judío polaco" me resultó una experiencia conmovedora. Seguramente esto está vinculado a la presencia viva de quien sufrió el horror de los campos de concentración y da su testimonio. Verlo, oírlo hablar, escuchar sus silencios es muy fuerte. Y creo que se ha logrado integrar el video testimonial como parte de una dramaturgia singular. Me gustó mucho el uso del espacio. En suma, un espectáculo sensible, inteligente y conmovedor."
Venimos de muy lejos. Vida.
Venimos desde entonces.
Escapando de otro tiempo. Intentando presentes.
Venimos desnudos y con el cuerpo marcado
Por los signos y el deseo de otros
que estuvieron antes
que anduvieron antes
que dijeron
aquello
que hoy intentamos contar.
Interpretes.
Protagonistas.
Venimos con los bolsillos cargados
con equipaje a cuestas y con nada.
Huellas, territorios de una historia
que nos hace presente.
Somos el pasaje de un viaje
que no sabemos quien inicio.
Ahora es hoy.
Somos una prenda en la maleta
del primer viajero.
Actores.
Público.
Somos el camino
Y el horizonte que nos abisma.
Somos extranjeros de otras historias
construyendo otra que nos contenga.
Fotografías del tiempo.
Recorridos y preguntas.
Vida.
Venimos…y aquí estamos.
Tatuados.
Somos piedra en el camino
Y palabra nueva
vuelta a decir.
Somos el regreso
En mis cuadernos escolares
en mi pupitre y en los árboles
en la arena en la nieve
yo escribo tu nombre.
En todas las páginas leídas,
en todas las páginas blancas
piedra sangre papel o ceniza
Yo escribo tu nombre.
........
En los campos en el horizonte
en las alas de los pájaros
y en el molino de las sombras;
yo escribo tu nombre.
En cada bocanada de la aurora
en el mar de los barcos
en la loca montaña,
yo escribo tu nombre.
........
En los senderos despiertos
en los caminos desplegados
en las plazas desbordantes
yo escribo tu nombre.
En la lámpara que se enciende
en la lámpara que se apaga
en mis casas reunidas
yo escribo tu nombre.
.........
En toda carne entregada
en la frente de mis amigos
en cada mano que se tiende
yo escribo tu nombre.
En el cristal de las sorpresas
en los labios atentos
por encima del silencio
yo escribo tu nombre.
..........
En la salud recobrada
en el peligro desaparecido
en la esperanza olvidada
yo escribo tu nombre
Y en el poder de una palabra
empiezo de nuevo mi vida
He nacido para conocerte
Para nombrarte
Paul Eluard
Fragmentos de su poesía "Libertad"